Tal infortuna es la mía,
que por faltarme la suerte
no me falta más de nada
por caprichoso que fuere.
Agradezco siempre a Dios,
aunque no sea creyente
de beatos ni angelotes,
ni de ateos, ni de infieles.
Pues no me falta el dinero,
ni el amor ni otros placeres,
tan solo bella princesa
ha de faltarme el tenerte.
Pasara mil y un calvarios,
pasara, tan solo por verte
de tanto en tanto paseando,
o parada ante la fuente.
Que injusticia vida mía,
que fantasía más corriente,
que no sueñe noche y día
con nunca alcanzar la muerte.
O con conquistas pintadas
con sudor en las paredes,
con derrochar en pasiones
y triunfar con las mujeres,
de tallas, color y sueños,
y de clases diferentes.
Mas, más tarde que temprano
quiso el destino ponerte,
de repente en mi camino
con un amor puro y verde,
pero siempre caprichoso
no hizo cuentas de que hay trenes
que por buenos y perfectos
que por fuera nos parecen
no tienen vía de vuelta
pues no han de pasar dos veces.







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